Las dirigentas que crecen en el barrio

Victoria Araujo es una mujer trans de 25 años y es la secretaria del club Barcelona Jr., de la ciudad de Santa Fe. En un mano a mano con La Diez, nos cuenta sobre su transición en el barrio, el trabajo en el club y su relación con la gente. 

Por Ileana Manucci
Fotos: Gustavo Rodríguez

En el noroeste de la ciudad de Santa Fe está el populoso barrio Santa Marta, hogar del Club Barcelona Jr. Una cancha de fútbol 11, sin alambrados ni perímetros que restringen su uso, y una pequeña sede social con una oficina, parrilla y baños, son el corazón de estas cuadras con calles de tierra, árboles y vecines sentados en las puertas de su casa. 

Las paredes del club retratan, en lo alto del edificio, al ídolo de ese lejano Barcelona español, pero que también es el ídolo cercano de cada argentino y argentina que gusta del fútbol: Lionel Messi. Y acompañando esa imagen, un texto con la máxima que toda institución deportiva debería tener: “Todos los pibes tienen derecho a jugar”.

Las fotos de 2015 de la inauguración de la sede la muestran reluciente, como toda obra nueva. Siete años después, y tras haber sufrido la no-gestión de un directivo que vació el club, se ve el desgaste del pase del tiempo y de quienes negociaron con las necesidades de la institución.

Pero hoy una nueva camada de dirigentas está intentando sacar adelante este espacio tan necesario y vital para Santa Marta. Entre ellas está Victoria Araujo. Victoria tiene 25 años, es la secretaria del club y es una mujer trans. Y ese no es un dato menor. La población trans en nuestro país, a pesar de las leyes que otorgan un marco legal para acompañar y posibilitar la reafirmación identitaria, sigue sufriendo discriminaciones, exclusiones y violencias de todo tipo. 

Y habitar espacios como los clubes, donde la identidad y el cuerpo se ponen tan en juego, es particularmente complejo. Pero Victoria juega de local en Barcelona Jr.: nació en el barrio, a pocas cuadras de donde hoy está la sede, todes saben quién es. 

“Mi transición recién va a cumplir un año ahora en enero y se lo tomaron normal porque a nadie le afectó”, le dice a La Diez ante la pregunta sobre cómo fue su proceso de transición en el club. “Sí les cuesta un poco a las personas que me conocían de antes, que por ahí se equivocan, por la costumbre, pero solo es”. 

Victoria dice que hace un poco de docencia con quienes la cuestionan o dicen algo fuera de lugar. “Lo que más les explico son las diferencias que hay entre una persona trans y otra persona del colectivo. Algunos escuchan, aprenden y se van”.

A Barcelona van niños y niños muy pequeños, “desde que empiezan a caminar”, dice la dirigenta, hasta adultos. Y ante la pregunta sobre cómo es el vínculo con las infancias respecto a su identidad, la respuesta no sorprende: “Los chiquitos entendieron más rápido que los grandes. Por ahí son ellos mismos los que se corrigen entre ellos o corrigen a los más grandes con ese tema”. 

Sentido de pertenencia

Barcelona Jr. recibe hoy a unos 150 niños y niñas que practican fútbol en sus instalaciones, participan de la Liga Infantil de los Barrios y asisten al merendero que con mucho esfuerzo mantienen. Victoria cuenta que en los primeros años del club llegaron a tener unos 400 pequeños asistiendo a las actividades, y que además de fútbol ofrecían hockey y voley. 

El empuje de esos años, dado en buena parte por los fondos conseguidos a través del Plan Abre del gobierno provincial, se fue diluyendo con las malas gestiones de quienes en ese momento estaban al frente del club. En 2019 la entonces dirigencia cobró un subsidio que nunca llegó al club y desapareció, llevándose además los libros de acta de la institución. 

Eso derivó en que la situación legal y registral del club esté en falta, por lo cual en estos momentos no pueden recibir ningún tipo de asistencia estatal para mantener sus actividades. “Estamos todo el tiempo haciendo beneficios para mantenernos”, explica Victoria. “Vendemos pollos, alfajores, prepizzas, hacemos bingos y con eso vamos comprando los elementos que se necesitan y saliendo a los torneos. También es fundamental el apoyo de los padres”.

Tras ese vaciamiento en 2019, y como suele suceder siempre en los momentos de crisis, un grupo de mujeres -principalmente- se hizo cargo de Barcelona. Ahí es donde Victoria comienza a involucrarse de otra manera: “Primero empezó viniendo mi mamá, a acompañar a la presidenta a las reuniones, y yo la seguía a todos lados. Empecé primero como delegada del club en la Liga y este año agarré la Secretaría, igual formo parte de la comisión de acá del club y de la Liga”.

Además de su trabajo voluntario en Barcelona, Victoria tiene una tienda de ropa que pudo abrir gracias a los aportes que recibió a través del programa nacional Potenciar Trabajo, el cual busca promover la inclusión social plena para personas que se encuentren en situación de vulnerabilidad social y económica. 

Sobre las tareas específicas que realiza en la institución, la joven indica que durante la semana su rol es más administrativo y de gestión, “me dedicó a hacer notas, llevar papeles y reuniones”, explica. “Los domingos vienen todos los profesores a las 9 de la mañana a preparar las jornadas, y yo me ocupo de traer todo lo que es para el buffet. Ellos se encargan de vender y de los chicos, y esos días yo estoy con el manejo de la plata”.

El sentido de pertenencia en estos espacios es clave. Es lo que posibilita sostener, por amor y convicción, lugares que sino, de otra forma, no existirían. Por eso Victoria, cuando habla de la gente con la cual trabaja en Barcelona, se refiere a ellas y ellos como su familia. “Acá en la Comisión no es que somos todos familia, pero nos tratamos como familia, y la idea es seguir todos juntos hasta donde se pueda. Acá está mi mamá y después ya los demás son vecinos, amigos, pero nos conocemos todos de chicos, así que somos casi familia”.

Victoria se ríe cuando le preguntamos si quiere ser presidenta del club en algún momento. Dice que no, que no sabe. Pero lo que sí tiene en claro es la vital importancia de mantener en pie al Barcelona Jr., sobre todo en momentos de crisis como los que se viven hoy: “El barrio está como cualquier otro barrio, con sus problemas, y la idea del club es un poco sacar a los chicos de la calle. Capaz que no les podés resolver todos sus problemas, pero al menos hay una hora o dos donde se distraen, donde en vez de andar por ahí, de estar drogándose, están acá en el club jugando”. 

Una Victoria Mía

Victoria es tímida y habla poco, al menos cuando el micrófono y la cámara se prenden. Es la primera vez que la entrevistan, pero seguramente no será la última. Las compañeras trans/travas que logran salir del círculo de las violencias a la cual esta sociedad sigue empujándolas, se transforman, queriendo o no, en referencia para sus pares. 

Victoria cuenta que al momento de transicionar no conocía a otros chicos y chicas trans en el barrio, y que lo primero que hizo fue acercarse al Ministerio de Igualdad, Género y Diversidad de la provincia. “Fui ahí a preguntar todo, cómo tenía que hacer, y de ahí me fueron guiando con el tema de las hormonas, los papeles, los documentos”, cuenta. 

Y cuando fue afianzando su propia identidad, también se encontró con otres. “Primero en las charlas del Ministerio y después en la casa de Vincularte, conocí un montón de chicas de mi edad, porque antes solamente veía mujeres más grandes y como que no tenía muchos temas para hablar. Cuando me pude encontrar con esas otras chicas, me fui integrando más. Ahora en Vincularte hacemos talleres, nos juntamos a comer, nos relacionamos ahí”.

Victoria es de la nueva generación de pibas trans, que pudo transicionar y casi al mismo tiempo tener su nuevo DNI, una conquista que fue posible gracias a décadas de militancia de muchas compañeras que hoy ya no están. Su nombre, Victoria, es un nombre que muchas otras mujeres trans y travestis sienten y eligen. No es casual. Tener el coraje de vivir la vida cómo cada une la siente, es una victoria

Pero Victoria Araujo cuenta que ese, en realidad, no iba a ser su nombre. “Cuando fui a hacerme el documento mi nombre iba a ser Mía. Pero cuando estaba ahí escuche el otro, Victoria, y fue ese. Entonces quedó Victoria Mía”. Poesía pura. 

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