«Ridículo», la respuesta de las futbolistas a una nota machista

Una nota llena de prejuicios e ignorancia sobre el fútbol femenino fue publicada el sábado en la web de uno de los diarios con más llegada del país. Un grupo de futbolistas, con Macarena Sánchez a la cabeza, le respondió de una forma ingeniosa vía Twitter. No nos callamos más.

Por Ileana Manucci

«El fútbol femenino, obligado a reinventarse en la Argentina tras la pandemia del coronavirus», es el título de la nota publicada en la web del diario Clarín. El título, así solo, quizás no dice mucho. Su contenido podría apuntar a los planes de desarrollo que la AFA debería acelerar en este contexto, para no dejar que lo ganado hasta acá por la disciplina se pierda; o del rol de los clubes para acompañar ese desarrollo, quizás hasta de alguna política de Estado para favorecer la inclusión de las mujeres en este deporte. Pero no, claro que no va por acá la nota.

El escrito que lleva la firma del periodista Daniel Avellaneda centra su análisis en la «falta de rentabilidad» del fútbol femenino, detallando que las empresas que apostaron a este primer torneo semiprofesional -que ni siquiera pudo terminar a causa de la pandemia- «fueron a pérdida». «El fútbol femenino no generó rating, sponsors ni abonados adicionales», señala Avellaneda.

En ningún país donde el fútbol femenino genera ingresos comerciales -como si eso fuera lo único que importa- eso se produjo de un día para el otro. Estados Unidos es la potencia que es en fútbol femenino porque una ley promulgada en 1972, bautizada como «Title XI», obligó a las universidades a crear programas deportivos dedicados exclusivamente a las mujeres. Así comenzó a forjarse una base de futbolistas norteamericanas tan fuerte que, a partir de la primera Copa del Mundo oficial organizada por FIFA en 1991, nutrió a su Selección y la llevó a lo más alto del fútbol mundial: ganó cuatro de los ocho Mundiales realizados hasta la fecha, fue subcampeona en uno y tercera en los otros tres. Es decir, nunca bajó del podio. Además ganó cuatro medallas de oro en los seis Juegos Olímpicos de los que participó. Y claro, sus futbolistas son estrellas que generan millones de ingresos.

Pensar que el fútbol femenino en Argentina, en su primer torneo que ni siquiera llega a ser profesional ya que no todas las futbolistas tienen un sueldo, con partidos programados para días de semana en horario laboral, en canchas auxiliares -algunas muy alejadas como para que llegue el público-, y con una trasmisión televisiva codificada que, en muchas ocasiones, pasó los pocos partidos que tenía pautados en diferido, pudiera generar ingresos económicos que dejaran satisfechos a los siempre insaciables empresarios de la disciplina, es de una ingenuidad y de una ignorancia extrema.

El fútbol femenino en nuestro país necesita un plan que se sostenga en el tiempo. Eso incluye desde el fomento del deporte en los colegios y los clubes, para formar desde pequeñas a las jugadoras; pasando por un trabajo serio de AFA con las Selecciones nacionales, con equipos de trabajo capacitados para conducir planteles de mujeres en estos tiempos que corren; hasta un plan a largo plazo para profesionalizar de forma federal el fútbol. Sin ese paquete de medidas, todo es cuesta arriba para las futbolistas; esas a las que se les demanda partidos vistosos y competitivos cuando se enfrenta un plantel donde todas las jugadoras cobran un sueldo por jugar, contra otro donde por lo menos la mitad del equipo tuvo que salir antes del comercio, la fábrica, o la universidad para llegar al partido.

Además del análisis descontextualizado sobre el presente del fútbol local, en otro de los fragmentos de la nota, se detalla: «está prevista la incorporación de un nutricionista para acompañar la alimentación porque “las mujeres tienden a ensanchar caderas”, dicen en la AFA, y eso es contraproducente para su preparación».

Mientras equipos como el Chelsea y la Selección de Estados Unidos se encuentran investigando y adaptando los entrenamientos de sus jugadoras de acuerdo a sus ciclos menstruales -un «detalle» nunca considerado por preparadores y entrenadores, la mayoría siempre varones-, ya que tiene un impacto significativo en el estado físico y mental, según la nota de Clarín para la AFA lo importante es el «ensanche de caderas» de las futbolistas. ¿Se entiende por qué es importante que haya más mujeres, y varones, con perspectiva de género en los equipos de profesionales encargados de monitorear, preparar y entrenar a las futbolistas?

La nota cierra con un párrafo digno de todo su contenido: «A fuerza del activismo de algunas jugadoras que alzaron la voz y mezclaron la política y un reclamo de igualdad con el hombre, el fútbol femenino encontró un lugar por estas tierras. El negocio, en cambio, no acompaña». Difícil explicarle a este varón blanco heterosexual, sumido en esas redacciones machista de los medios deportivos tradicionales -donde aún cuelgan posters de mujeres con poca ropa-, que lo personal es político, y que las diferencias entre el fútbol masculino y el femenino sólo son culturales, producto de décadas de exclusión, discriminación y falta de oportunidades para las niñas, adolescentes y mujeres que desde siempre han intentado jugar al fútbol y no las han dejado.

Pero las futbolistas ya no se callan y le dieron a Avellaneda la mejor respuesta a su nota machista. Vía Twitter, Macarena Sánchez (San Lorenzo), Laurina Oliveros (Boca), Milagros Menéndez (Racing), Eugenia Nardone (Racing), Milagros Otazú (Racing), Aymara López (Banfield), Valentina Rando (Gimnasia) y Candela Bermejo (ex Platense), lo definieron cortito y al pie: R-I-D-I-C-U-L-O.

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