Torta futbolera

Autora: Viqui Vázquez / CC BY-SA 4.0

Hoy se conmemora en todo el país el Día de la Visibilidad Lésbica. Hablamos con dos jugadoras y profesoras de escuelitas locales sobre cómo es ser lesbiana en un ambiente tan machista como el fútbol y cómo preparan a las más pequeñas para vivir en un mundo más libre.

Por Ileana Manucci

El 7 de marzo de 2010, en Córdoba, Natalia “Pepa” Gaitán fue asesinada de un disparo a manos del padrastro de su novia, quien se oponía a la relación que mantenían. «La mataron por lesbiana», dijo su madre en ese momento, y lo decimos todas ahora. La Pepa tenía 27 años.

Desde entonces, cada 7 de marzo, se conmemora en el país el Día de la Visibilidad Lésbica. Una fecha para pedir justicia por los crímenes de odio hacia lesbianas, para exigir un alto a la violencia y a la discriminación, pero también para celebrar el amor.

Quienes jugamos al fútbol desde pequeñas nos encontramos, aún desde mucho antes de que pudiéramos pensar nuestra identidad u orientación sexual, con frases y calificaciones que nos apuntaban porque eso que estábamos haciendo -jugar a la pelota- estaba mal. «Machona», «marimacho», «andá a jugar a algo de nenas», eran cosas que escuchábamos a diario.

Jugar al fútbol no era «femenino», por eso estaba mal. Terminar un partido mojadas de transpiración, con la ropa sucia y las rodillas peladas, habilitaba un «así no vas a conseguir novio». Bueno, quizás muchas tampoco queríamos un novio. Otras si, y tal vez por eso en algún momento dejaron de jugar, para no sentirse juzgadas, miradas, descalificadas.

Por suerte en el fútbol femenino hoy todas convivimos: las tortas, las hetero, las trans, las no binarias; todas, todes. Y esa diversidad es un valor agregado a este hermoso juego; algo que sabemos y vivimos nosotras, pero que todavía parece imposible en el fútbol que juegan los varones.

«Creo que hablar de las sexualidades en el fútbol es distinto en el femenino y el masculino.
Desde mis experiencias, en el futfem convivimos con la diversidad y la libertad de poder expresar nuestras identidades, y a quienes amamos», dice Mara Domínguez, jugadora de Unión y profe de escuelitas. «En el fútbol masculino, la homosexualidad sigue siendo un tabú, quizá por la falta de visibilidad, quizá por la falta de referentes que elijen (por diversos motivos) no exponerlo en el ámbito público. Esto claramente tiene origen en la construcción de sus masculinidades, individuales y colectivas, con actitudes, formas de nombrar, de «ser hombre» de «ser futbolista»; donde no entran otros modos de ser que no sea el estereotipo de varón cis heterosexual».

Alejandra Haas, jugadora de Colón y también profe de escuelitas, habla en el mismo sentido sobre las diferencias entre el fútbol masculino y femenino. «Dentro del fútbol femenino, en general, se vive la sexualidad con mucha comodidad y naturalidad. Desde el lugar de jugadora, entre mis pares, nunca tuve dudas de expresarme abiertamente. Pero no puedo decir lo mismo desde mi rol de entrenadora ya que con adolescentes varones y adultes no siento tal libertad de expresión».

Consultada sobre por qué considera que en el fútbol femenino podemos hablar de nuestra sexualidad de manera más libre y convivir lesbianas, heteros y trans en un vestuario, algo que no sucede con el masculino, Alejandra comentó: «El fútbol masculino es un ambiente muy patriarcal y heteronormado, donde nunca hubo lugar para las disidencias, y la discriminación e incluso la violencia entre pares está muy normalizada. En cambio el futfem actualmente es un espacio en el que sabemos que, para seguir ganando terreno es indispensable la sororidad, solidaridad y el trabajo en equipo. Somos mujeres futbolistas diversas conquistando espacios, no “mujeres lesbianas”, “mujeres heteros”, “mujeres trans”, “mujeres bisexuales”. La diversidad sexual no nos divide».

-¿Les parece importante visibilizarse como lesbianas?

-Mara: Me parece fundamental la visibilización de las identidades lésbicas. Nosotras existimos en todos los ámbitos, el fútbol es uno de esos para poder plasmar la existencias de todas las identidades y que todas las identidades podamos elegir lo que nos gusta hacer.

-Alejandra: El fútbol en general siempre fue un deporte de “varones, heterosexuales”. Visibilizar la diversidad sexual dentro del deporte permite romper con esa construcción heteronormada que lo rige desde hace mucho, abriendo el espacio para que de a poco deje de ser excluyente y pase a ser un espacio de todes.

-Como profes de escuelitas ¿abordan con las infancias estos temas? ¿Les parece importante para su formación?

-Mara: Nosotras desde nuestra cotidianeidad y nuestro trabajo de hormiguitas, queremos hallanar el camino para las nuevas generaciones que ingresan a este maravilloso deporte, y que puedan vivenciarlo libres de violencias machistas, misoginia y discriminaciones. En este sentido, es que como profe de escuelitas de fútbol femenino, busco aportar a las infancias libres. Hoy tenemos un mejor escenario que el que muchas tuvimos, en la niñez y adolescencia. Así que debemos poder tomar este momento (resultado de las luchas feministas) y seguir en el desafío de aportar a espacios cómodos, seguros y libres.

-Alejandra: Trato de abordarlo desde la cotidianeidad con la naturalidad con la que se debería poder vivir en cualquier ambiente. Aprovecho los momentos en que lxs jugadorxs hacen preguntas, o se muestran curiosxs por algo para interpelarlxs. El rol docente es muy importante para brindarles herramientas e información para construir entre todes una sociedad más libre y diversa.

Autora: Titi Nicola / CC BY-SA 4.0

 

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