La Pionera santafesina

Se llama Maria Esther Ponce, le dicen «Pelusa», sus primeros años de vida fueron en Alto Verde, jugó en el Mundial de México 71 y tiene una historia que merece ser conocida. 

Por Gastón Chansard.

«Nací en Santa Fe el 1 de junio de 1944, viví 3 años y medio en Alto Verde, mis padres se fueron a vivir a Buenos Aires, me crié allá (Avellaneda), también anduve en Bahía Blanca cuando era chica y después nos volvimos a Buenos Aires, hasta que decidí venirme acá, en Río Ceballos (Córdoba)». Ese es el mapa de vida de Maria Esther Ponce, «Pelusa», la única santafesina que integra el selecto grupo de las futbolistas argentinas que jugaron el Mundial de México 1971, las que golearon a Inglaterra, las famosas Pioneras.

En un gran trabajo de búsqueda y reconocimiento de Lucila Sandoval, la santafesina fue la última integrante que apareció en el radar de Las Pioneras, la última de aquel mítico seleccionado argentino que le ganó a Inglaterra en el estadio Azteca.

«No empecé a jugar desde chica, más allá que mi papá fue jugador de fútbol y desde los 4 años andaba de cancha en cancha viendo fútbol. Siempre me encantó el fútbol, mi familia jamás me cuestionó mi afición al fútbol, es más, en las vacaciones que pasaba en Santa Fe jugaba en el campo con mis primos y hasta atajaban las tías», le contó a La Diez.

«Pelusa» -abajo a la derecha-, en el equipo de Canal 13.

«En una oportunidad Canal 13 llamó a mujeres que quisieran jugar al fútbol, yo me anoté y quedé en un equipo que formaron ellos. A través de esa experiencia conocí a las demás chicas de la Selección Argentina. Empecé a jugar con ellas entre 1970 y 1971», así recordó Pelusa el inicio de una historia gigante.

«En el comienzo de 1971 vino a Buenos Aires una delegación desde México que estaba buscando selecciones de Sudamérica para hacer el Mundial, y nosotros fuimos las únicas elegidas de esta parte del continente. Fue así como pudimos ir a jugar el Mundial». Así empezaba la historia grande y cuasi fundacional del actual fútbol femenino.

La previa de México tuvo sus inconvenientes, «fue bravo prepararnos porque éramos todas jugadoras de potrero, mucha importancia no nos daban, porque el fútbol femenino en esa época era cuestionado por todo el mundo, hasta por las familias de varias jugadoras».

Con la guitarra en la mano en México, otra pasión de Pelusa.

Con los pies en tierras mexicanas, recordó: «llegamos a México a enfrentarnos con jugadoras internacionales en un estadio como el Azteca, por ejemplo. Fue una experiencia hermosa, llena de muchos recuerdos y alegrías y de todo un poco. Allá nos trataron muy bien, nos mimaron mucho, todo lo que no pasó en Argentina«.

Pelusa, que jugaba de defensora, dijo que a la vuelta de México jugó «un poco más, luego me dediqué a trabajar». Destacó que «las vidas de las jugadoras no cambiaron casi nada, por lo menos la mía, hoy el fútbol femenino evolucionó mucho y las nenas empiezan a jugar desde chica, algo que está muy bien, ya que van acomodando el cuerpo para este deporte y además en la actualidad están más respaldadas y reconocidas por los clubes, aunque todavía falta mucho». Y agregó que además que «Argentina tiene muy buenas jugadoras, con más razón hay que apoyarlas. Me gusta que el fútbol femenino haya evolucionado tanto y que las chicas sigan luchando para dar un buen ejemplo para todas las que vienen atrás».

La laburante

Cuando apareció la palabra trabajo en el diálogo con La Diez, la santafesina detalló una vida de lucha y de enorme trabajadora. «Yo trabajé en una fábrica textil, primero como operaria y luego como administrativa, trabajé en turismo, en bijouterie, manejé un taxi entre los años 1994 y 1995, luego me compré un auto y fui remisera con mi propio coche, después tuve que dejar porque tuve una neurisma cerebral, con la suerte que me agarraron a tiempo y me salvaron la vida. Ahí quedé en la ruina y tuve que empezar de nuevo, fue muy complicado porque ya era grande, pero siempre me las arreglé para hacer algo. Cociné, vendí empanadas, me las arreglé a los ponchazos».

En el recuerdo de ese momento difícil dijo que también cuidó a una señora grande y se jubiló. «Volví a ser chofer de taxi y remises, pero siempre haciendo algo más para sobrevivir, y hoy estoy jubilada acá, en Río Ceballos, donde también cocino y tengo mi clientela. Estoy tranquila, vivo al lado de la casa mi hermana y por suerte estoy pasando una buena vejez».

La sonrisa a pleno, Pelusa disfruta de la vida y los buenos recuerdos futboleros.

Y luego de todo el catálogo de la empedernida trabajadora destacó su lado literario, «yo también escribo poesías». Y además de la poesía le gusta la música, canta y cada vez que puede lo hace con un coro de Río Ceballos.

El valor de Las Pioneras 

Pelusa destacó el trabajo que realizó Lucila Sandoval para recuperar una historia con sus protagonistas, hoy conocidas como Las Pioneras. «Lo que hizo Lucila me emocionó mucho, me parece extraordinario todo lo que hizo, que alguien se preocupara por revivir todo aquello y por sobre todas las cosas por contar una historia a la que nadie le había prestado atención. Hoy con mucho orgullo podemos contar esa historia del Mundial de México, podemos mostrar fotos, la verdad que Luki es una genia, es para aplaudirla».

En la parte final de la charla aseguró: «todavía no me siento tan homenajeada ni reconocida porque me encontraron tarde, pero eso no importa, lo destacado es todo lo que logró con nosotras y llevar adelante la bandera del fútbol femenino, que hoy es como un volcán en erupción».

 

 

 

 

 

 

1 Comentario

  1. Conozco muy bien a LADIEZ, mi amiga Pelusa…..Tiene un valor agregado, un corazón gigante dispuesta a ayudar incondicionalmente a costa de su propio esfuerzo y sin pedir nada a cambio. Un ser EXCEPCIONAL. Mi familia y yo la queremos mucho.

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