Referente dentro y fuera de la cancha, Megan Rapinoe aprovechó el Mundial más visible de la historia para mostrar su juego y el de su equipo pero también para alzar la voz por las desigualdades en el fútbol y por las políticas racistas y discriminatorias de Donald Trump. 

Por Ileana Manucci

«Que se dediquen a jugar y no a hacer política». Esa frase se escucha y se lee con frecuencia cuando las jugadoras, de cualquier país, deciden expresarse por algo que vaya más allá de lo que pasa estrictamente dentro de una cancha.

Es una frase que escucha seguido Macarena Sánchez, quien alzó la voz ante un despido injusto y revolucionó el fútbol femenino local. Maca no sólo habla de fútbol: es feminista, está a favor del derecho al aborto, es abiertamente lesbiana y se la juega por sus convicciones políticas.

Cuando la Selección Argentina quedó fuera de este Mundial de Francia, un ignoto twittero posteó una foto de Luana Muñoz levantando el pañuelo verde y escribió: «con razón se quedaron afuera, si van a hacer política en vez de jugar al fútbol». Más allá de la ignorancia, porque la imagen fue tomada el día del repechaje frente a Panamá en cancha de Arsenal y Luana no fue parte del plantel que jugó el Mundial, se impone esa mirada anti-política, que pregona una «neutralidad» ante temas mucho más importante y trascendentales que un resultado deportivo.


No estamos acostumbradas/os a ver y escuchar a los jugadores de fútbol expresarse por otra cosa que no sea el fútbol. Es bastante difícil saber qué opinión tienen sobre las cosas que suceden en el mundo, en el país donde viven, cuál es su ideología política, entre otras cosas. No están obligados a hablar de eso, claro, y cuando se les pregunta la mayoría esquiva la respuesta: «yo solo hablo de fútbol», suelen excusarse.

El fútbol femenino nos esta mostrando, también en este terreno, algo distinto. La razón es bastante obvia: las jugadoras son mujeres intentando abrirse camino en un deporte dominado por varones, en un ambiente totalmente machista. Y eso no solo se hace con juego, dentro de la cancha, sino reclamando, visibilizando las injusticias, peleando por mejores condiciones.

Enfrentarse al poder, a los poderes, no es fácil. Es una realidad que muchas se arriesgan a las represalias, a perder la titularidad, a quedar fuera de una convocatoria, a ser despedidas de los clubes. El «mejor no te metas» siempre está a la orden del día. Hay razones para temer, claro, pero hay muchas más por las cuales vale la pena jugarse.

La Selección de Estados Unidos es un ejemplo de todo eso. Un ejemplo deportivo, obvio, son las tetracampeonas del mundo. Pero sobre todo son un ejemplo de esa otra lucha fuera de la cancha. Son las mejores del mundo, tienen casi todo, pero van por más.

Equal pay

El 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, el equipo femenino de Estados Unidos al completo presentó una denuncia por discriminación salarial contra la federación de fútbol de su país. Si, aunque parezca increíble, la máxima autoridad del fútbol en ese país les paga menos que a los jugadores del equipo masculino y les da peores condiciones para jugar, entrenar y viajar.

Basta con repasar el historial de cada selección (la femenina cuatro veces campeona del mundo, la masculina tuvo su mejor posición en un Mundial en 1930, donde fue tercera)  para ver que esa diferencia no responde a nada deportivo, es lisa y llanamente machismo.

Este domingo, con la consagración yanqui consumada, las autoridades de la FIFA ingresaron al Estadio de Lyon para participar de la ceremonia de entrega de premios. Una fuerte silbatina bajó desde las tribunas y la hinchada norteamericana gritó con fuerza: ¡Equal pay! ¡Equal pay! (pago igualitario). Hermoso momento.

Capitana Rapinoe

Megan Rapinoe tiene 34 años y jugó en Francia su último Mundial. Vistiendo la camiseta de su país fue subcampeona en el Mundial de 2011, ganó la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de 2012 y fue dos veces campeona del mundo: en Canadá 2015 y ahora en Francia 2019.

También en este Mundial fue una de las goleadoras (compartió podio con su compañera Alex Morgan y con la inglesa Ellen White), convirtiendo seis tantos en los cinco partidos que jugó. Fue la que abrió el marcador en la final frente a Holanda y por todo eso se llevó el Balón de Oro, la Bota de Oro y, claro, el trofeo que vino a buscar: la Copa del Mundo.

Pero la capitana yanqui dejó un sello aún más importante en su paso por este histórico certamen. Una jugadora profesional, sponsoreada por las grandes marcas del mundo, que ganó todo lo que jugó, decidió aprovechar su éxito y visibilidad para alzar la voz por las causas que cree justas: por la igualdad en el fútbol, contra las políticas racistas de Trump y por el orgullo LGBTIQ+.

«No voy a ir a la madita Casa Blanca«, dijo la goleadora cuando fue consultada sobre la posibilidad de ser recibidas por Donald Trump si se consagraban campeonas del certamen. Rapinoe es una férrea opositora al gobierno de Trump desde el comienzo de su mandato. La futbolista se ha manifestado en contra de sus políticas, sobretodo en lo que tiene que ver con la brutalidad policial, la injusticia social y el racismo. Por esta razón, a manera de protesta, la capitana no canta el himno ante de los partidos.

«No he experimentado la brutalidad policial, ni racismo, ni nada parecido a ver el cuerpo de un familiar muerto en la calle. Pero no puedo permanecer como si nada cuando hay gente en este país que tiene que lidiar con este tipo de cosas«, había señalado a la prensa tiempo atrás.

Ante las declaraciones de Rapinoe, el presidente yanqui, también fiel a su estilo, recogió el guante y vía Twitter le respondió: «A las ligas y los equipos les encanta venir a la Casa Blanca. Soy un gran fan del equipo americano y del fútbol femenino, pero Megan debería ganar algo antes de hablar. ¡Termina el trabajo!». Megan terminó el trabajo de manera impecable, ahora resta ver que pasa con la invitación presidencial.

Rapinoe también aprovechó que durante el desarrollo del Mundial se celebró el Día Internacional del Orgullo LGBTIQ+ (el 28 de junio), para dejar un mensaje en ese sentido. «Ser homosexual y fabulosa durante el mes del Orgullo en el Mundial de fútbol es lindo», dijo la autora de los dos goles en la victoria de Estados Unidos por 2-1 ante Francia, ese mismo 28. «No se puede ganar un torneo sin gays en tu equipo, eso nunca se ha hecho ¡es ciencia!», sostuvo ante la prensa, y luego agregó: «Me motiva la gente como yo, que lucha por las mismas cosas. Saco más energía de eso que de discutir con los que odian y de tratar de probar que están equivocados».

Como si todo esto fuera poco, la futbolista que se define a sí misma como «una protesta andante», le apuntó a la FIFA antes de la mismísima final de su máximo torneo. Consultada sobre la programación de tres finales para el mismo día (la de Francia, la Copa América y la Copa de Oro de la Concacaf), Rapinoe fue tajante: “Es una idea terrible poner todo en el mismo día, en todos los sentidos. Esta es la final de la Copa del Mundo, es el día para cancelar todo lo demás”. Por si su idea no quedaba del todo clara, agregó: «Así que no, no creo que la FIFA nos tenga, en general, el mismo nivel de respeto que tiene hacia los hombres«.

Rapinoe también criticó el dinero en concepto de premios que se ofreció para esta Copa Mundial, luego de que el presidente de la FIFA Gianni Infantino anunciara que esa cifra aumentaría al doble para el próximo Mundial (serán 60 millones para el certamen femenino frente a los 440 millones del masculino que se jugará en Qatar). «Sin duda, no es justo», declaró. «Deberían duplicar ahora (lo que destinan al fútbol femenino) y luego usar esa suma para duplicarla o cuadruplicarla para la próxima vez. A eso me refiero cuando pregunto si nos sentimos respetadas».

Ejemplo a seguir

«Ustedes que me dicen a mi que solo me dedique a jugar al fútbol, ¿saben de quien aprendí que luchar por los derechos no solo dentro del campo, si no aun mas afuera, es totalmente importante? La selección de fútbol de Estados Unidos con Megan Rapinoe a la cabeza». Con ese tweet la jugadora argentina Luana Muñoz respondió parte de las críticas que había recibido semanas atrás.

«Las jugadoras tienen que entender lo importante que es reclamar y pedir por lo que nos corresponde», nos decía Macarena Sánchez algunos días antes del arranque del Mundial.

La visibilidad de este Mundial, el gran salto de calidad que han mostrado la mayoría de los equipos, el profesionalismo aún de las jugadoras amateurs, deja el terreno fértil para que la voz de las futbolistas comience a ser escuchada en serio.

Megan Rapinoe da el ejemplo hoy, pero es momento de seguirlo en equipo, de manera colectiva. A nivel mundial, a nivel Selección, y también en cada liga del país, acá en Santa Fe y en todo espacio donde ruede una pelota. Este el momento para comenzar a escribir otra historia y el camino es juntas.

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