El golazo de Macarena

La futbolista santafesina Sánchez Jeanney fue desvinculada del Club Deportivo UAI Urquiza, ahora pide la reincorporación y encabeza la lucha por un fútbol femenino profesional.

Por Gastón Chansard.

Macarena Sánchez Jeanney siempre estuvo atenta a la jugada. El contexto histórico le puso un pase fantástico para que ella corra con pelota dominada, para que acelere a fondo, y Maca, sin dudarlo, aceleró. En la aceleración, en la velocidad, en las ganas de marcar el gol de la vida, a veces se corre el riesgo de recibir patadas arteras, manotazos y cualquier tipo de recursos para detener semejante objetivo. Y ella, con una enorme valentía, está buscando ese gol, cueste lo que cueste.

En la noche del lunes 21 de enero de 2019 se conoció un comunicado oficial por parte de las abogadas que representan a la santafesina. Lo más destacado tiene que ver con la decisión del Club Deportivo UAI Urquiza al desvincular a la futbolista Macarena Sánchez, y además dice que la dejó sin trabajo hasta que termine la temporada (el torneo está en curso). Ahora la jugadora exige y reclama a la institución deportiva y a la AFA que la regularicen como jugadora profesional.

La bandera

La situación que explotó esta noche con el caso de Macarena establece un precedente respecto a un reclamo muy importante que ya está en la superficie mediática y de la dirigencia futbolística toda: la necesidad de profesionalizar el fútbol femenino. De esa manera las mujeres podrán dar un paso enorme en el fútbol argentino, un paso que dejaría atrás muchos años de desigualdad.

Quizás en este reclamo legal comience un camino donde las futbolistas sean reconocidas como trabajadoras. Ese profesionalismo que al fútbol masculino, tal como lo recuerda el comunicado, le costó tanta lucha allá por la década del 30. Casi 90 años después las mujeres andan por el mismo camino, gambeteando las trabas de los que quieren un amateurismo eterno para ellas.

Macarena había llegado a Buenos Aires para cumplir su sueño de jugar al fútbol, pero la sabalera no se contentó con el deseo individual, porque «Maca» piensa y siente de manera colectiva. Desde esa posición tomó la bandera y aguanta los trapos de un «fútbol feminista, disidente y profesional”.

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