Cueste lo que cueste

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La “bomba Macarena” explotó en el planeta del fútbol femenino. La jugadora que surgió de la ciudad de Santa Fe los encaró a todos con el profesionalismo como bandera, se les puso frente a frente y hoy, hasta Menotti, tiene que hablar del tema.

Por Gastón Chansard.

A las pocas horas de que Macarena Sánchez anunciaba en sus redes sociales que no era más jugadora de la UAI Urquiza, La Diez compartía una nota que hacía referencia al caso y a lo importante que sería “Maca” para la lucha que tiene como objetivo llegar al fútbol femenino profesional. Cuando escribía esa nota estaba convencido del papel que había asumido la santafesina, pero no podía imaginar hasta donde podía trascender su nombre.

En apenas un día Macarena comenzó a ser conocida en todos los medios de comunicación, desde los más pequeños hasta los más influyentes de Buenos Aires. La demanda por la vía legal de la santafesina llegó a todos los rincones del país y también trascendió los límites argentos. Más allá que la lucha por el profesionalismo lleva un tiempo, en este caso “Maca”, sola, provocó lo que ninguna -individual o colectivamente-, había podido: que la dirigencia comience a preguntarse -en serio- qué hacer con el fútbol femenino.

El antecedente que está marcando la ex jugadora de la UAI no sólo le provocó un dolor de cabeza a los comandantes de dicho club, también sacudió la cabeza de cientos de dirigentes que no veían al fútbol femenino como un futuro “eje de conflicto”. Su ignorancia o machismo quizás no le permitieron observar que las chicas van por todo, que la igualdad no es una palabra que suena bonita, que la igualdad es la meta y hacía ella se camina. La igualdad en el fútbol es un eslabón más de la igualdad en la vida, y desde ese concepto Macarena empuña la bandera de lucha por un fútbol femenino profesional (las que deseen le pueden agregar feminista y disidente). «Tengo la esperanza de ser reconocida como trabajadora y que eso abra la puerta para que muchas chicas sean reconocidas como tales. Es un deseo muy grande», dijo la santafesina en una de las tantas entrevistas que le realizaron en la semana. «Sé que con esto arriesgo mí carrera, lo pensé varias veces, pero lo colectivo va por sobre lo individual y acá estoy exigiendo nuestros derechos», agregó.

Por si alguien no entendió de que se trata, Macarena lo explica una y mil veces: «Nosotras hacemos exactamente lo mismo que los hombres. La única diferencia es que ellos son tomados como trabajadores y nosotras no».

¿Y por AFA cómo andamos?

Este acto legal que presentaron las abogadas de Macarena Sánchez a la UAI Urquiza no tiene antecedentes. La importancia de esa estrategia legal y el impulso de intensa actividad que la propia jugadora le pone a sus redes sociales provocan una fuerza que llega hasta lo más profundo de la AFA.

En esta misma semana se conoció la renuncia de Ricardo Pinela, el encargado del fútbol femenino en AFA. Inmediatamente hubo una reacción desde Las Pioneras: “Postulamos a Mabel Salinas porque trabaja a la sombra desde hace 20 años y creemos que, con el avance del feminismo, el fútbol femenino tiene que ser manejado por una mujer. Mabel sabe bien qué le hace falta. Porque tampoco queremos que al profesionalizarlo pase lo mismo que con los varones y que un jugador cobre millones y un compañero suyo no llegue a fin de mes. No queremos copiar los sueldos de estrellas”, dice en diario Perfil Lucila Sandoval, la presidenta de la organización argentina que reúne a las primeras generaciones de jugadoras de nuestro país.

En esa línea lucha Macarena, que pide el cumplimiento de un compromiso que AFA asumió con la FIFA en materia de igualdad de género. Entonces, desde Santa Fe y cada uno de los rincones del país deseamos que ese puesto sea de Mabel Salinas u otra mujer tan o más capacitada que ella para ejercer el lugar que cedió Pinela. Ese puesto que, aunque se trate de fútbol de mujeres, nunca fue ocupado por una mujer.

La hora del “Flaco”

Pero como si todo esto fuese poco, en la presentación de César Menotti como director de selecciones de AFA, el DT campeón del mundo no pudo gambetear al fútbol femenino.

Mi intención es acompañarlas. Yo vi jugar mujeres cuando tenía 25 años en Estados Unidos y jugaban mejor que los chicos. Los pibes agarraban la pelota con la mano y ellas con los pies. Me encanta que jueguen», señaló Menotti.

«Además, hablando desde el propio deporte, no hay otro que cuide más a una mujer que el fútbol. Se castiga hasta la intencionalidad. Bienvenida sean a este deporte porque es un lugar de asociación increíble», cerró.

Camino sinuoso

Las falencias que arrastra el fútbol femenino están a la vista, todo lo malo que el amateurismo puede tener, esta disciplina la tiene. A manera de denuncia documentada, Macarena en sus redes sociales indagó: “VAMOS A VISIBILIZAR MÁS PROBLEMATICAS DEL FÚTBOL FEMENINO. Si sos jugadora o en algún momento lo fuiste, te invito a que respondas este tuit contando alguna situación de desigualdad o mala experiencia que hayas vivido en tu club:”. Las chicas respondieron en masa y de esa manera se reflejaron todos los inconvenientes a la que las mujeres se exponen cuando juegan al fútbol.

No se trata de diferenciarse de otros deportes amateurs, el tema es que se trata de fútbol, el deporte de los miles de millones de dólares que van y vienen, el más popular de Argentina y el planeta, el que trata a los hombres como sujetos casi intocables en nuestro país. Se trata del que alguna vez tendrá que reconstruirse para no terminar en las ruinas. Ese deporte, que alguna vez tuvo su lucha masculina en Argentina para llegar al profesionalismo en la década del treinta, esa pasión, y hasta esa capacidad económica ya se han igualado en otros países del mundo. Y en otros tantos van por el mismo camino.

Acá, en la Argentina que hace poco tiempo fue vanguardia con la sanción de leyes que abrieron el camino de la igualdad y el reconocimiento de derechos -como el Matrimonio Igualitario y la Identidad de Género-, una tal Macarena Sánchez, con miles de jugadoras atrás, decidieron tomar el sinuoso sendero de luchar y conquistar sus derechos, de conseguir el profesionalismo, cueste lo que cueste.  

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