No hay campo que la distancie del fútbol

La pasión es el sentimiento que define el fútbol, ese mismo sentimiento que tiene una niña de 7 años que vive en el medio de la llanura bonaerense. Los deseos de Mia representan centenares de historias de nenas que sólo quieren jugar, más allá de las distancias, de los campos y las ciudades. 

Mia Lencina nació a fines de mayo de 2011 en la ciudad de Bolivar (provincia de Buenos Aires), pero junto a sus padres vive en el medio del campo. El pueblo más cercano es Herrera Vega, una localidad muy pequeña en la extensa llanura que atraviesa el partido bonaerense de Hipólito Yrigoyen.

La pequeña de 7 años va a segundo grado, a una escuela de Bolivar, y a diario recorre más de 60 kilómetros (ida y vuelta) para recibir educación. Pero el sacrificio de sus padres -Luján y Sebastián- no termina en la escolaridad, el fútbol también comenzó a ser otro motivo para seguir surcando los caminos agrestes.

“Mia desde chiquita tiene la pasión de jugar al fútbol”, es lo primero que le dice Sebastián a La Diez.

Y sigue con entusiasmo: “Ella no tiene la posibilidad de jugar en una escuela de fútbol o para algún club, más allá que la estamos llevando los lunes y miércoles a una “escuelita” en Herrera Vega, un pueblito que tenemos cerca de donde vivimos nosotros, a unos 7 kilómetros”.

El papá habla con orgullo y amor, y no se cansa de decir que “al fútbol lo lleva en la sangre, le fascina jugarlo”. Además cuenta que “tiene todo el equipo de Boca, hasta las canilleras”.

Sebastián es un trabajador rural, y cuenta que cuando llega de trabajar ella lo “espera con la pelota para jugar al fútbol”.

EL DESEO

Entre otras cosas, dice que “en Herrera Vega no hay nenas que le guste jugar al fútbol, así que la llevamos a jugar con los nenes. Ahora estamos averiguando con Luján (mamá de Mia) por una escuelita de fútbol femenino en Bolivar”.

Las ganas de jugar y el entusiasmo de una hija puede gambetear distancias y sortear todo tipo de barreras. “Como ella tiene esta pasión por el fútbol, para nosotros -como padres- es un motivo suficiente para darle la oportunidad de llevarla a jugar y aprender”.

Sebastián no disimula el amor por Mia (el mismo amor que tiene su madre) y antes de terminar el contacto con La Diez destaca: “Me encanta que le guste, así  que le vamos a dar esta posibilidad para que pueda aprender, al fin y al cabo es lo que ella desea”.

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