La homofobia y la misoginia no son un chiste

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Activista detenido durante una manifestación en Rusia.

Por Ileana Manucci

El fútbol es el deporte más practicado en el país y el mundo. Es una de las grandes pasiones de los argentinos, y las argentinas, claro.

Las mujeres, lesbianas y trans, jugamos desde hace mucho tiempo al fútbol, y jugamos juntas. En los fútbol 5, en el 11 y en los pocos potreros que aún quedan o se improvisan en las ciudades, nuestras identidades y orientaciones sexual no son un filtro para ser parte, es lo que somos.

Los varones, víctimas también de los mandatos de masculinidad de esta cultura patriarcal, lo viven de una manera muy diferente. Públicamente no se ha conocido -nunca, jamás- en Argentina, un jugador de fútbol abiertamente gay (lo cual no quiere decir que no existan).

El «folclore» del fútbol tampoco ayuda a que esta situación cambie. «A estos putos les tenemos que ganar», “Se van para (completar aquí el barrio del ocasional rival) con el c… roto”, «…que esta noche nos cojemos, a los putos de (nombre del rival)», y así por miles.

El rival siempre es puto, porque al rival no lo queremos, y al puto tampoco. Ser puto está mal, no es de machos, y el fútbol es bien de machos.

La homofobia en el fútbol masculino es tal, que los varones gays han tenido que armar sus propios equipos, ligas y selecciones. De hecho, el año pasado, la Selección de Futbolistas Gays (SAFG) de Argentina se consagró campeón de la cuarta edición de los Out World Games, competencia que también es conocida como los Juegos Olímpicos LGBT.

Ayer, TyC Sport difundió el spot promocional del Mundial de Rusia. El relato del video comienza diciendo: «Señor presidente de Rusia: nos hemos enterado de que su país no admite las manifestaciones de amor entre hombre, estamos en problemas». A partir de allí hay una sucesión de imágenes y palabras que intentan asociar al fútbol y la pasión de los hinchas -varones claro- con la homosexualidad, o mejor dicho, con la sexualidad de varones homosexuales, porque el spot sólo se centra en eso: hombres agachados frente a otros, que se revuelcan en el pasto, que se pasean con los genitales de otro en el cuello, que se desvelan por el sudor ajeno. Llaman «gestos de amor» a obscenidades y en una utilización repudiable de la imagen del capitán de River, Leo Ponzio, agregan que «no hay nada más emocionante que ver a un hombre romperse todo por otros hombres».

El final, resume todo: «Si para usted el amor entre hombres es una enfermedad, estamos muy enfermos. ¿Y sabe qué?, es muy contagioso». Homosexualidad: enfermedad contagiosa.

El spot, que despertó un repudio generalizado en las redes sociales, no sólo minimiza la homofobia y la persecución a la comunidad LGBTIQ en Rusia (que es víctima de redadas y detenciones en prisiones secretas donde son golpeadas, torturadas y hasta asesinadas y desaparecidas), sino que además refuerza estereotipos de masculinidad que marcan que, por ejemplo, llorar o abrazar a un amigo es de putos, pero está bien y permitido si ese afecto, si los sentimientos, se dan en el contexto del fútbol.

TyC Sport decidió vedar este acontecimiento deportivo trascendental no sólo a los varones gays, sino también a las mujeres, lesbianas y trans que no forman parte -al parecer- de ese público que espera con ansiedad y esperanza una nueva oportunidad de ver a la Selección Argentina levantando una copa del mundo. No lo van a lograr. Así como tuvieron que bajar el spot por las denuncias y críticas, así también vamos a tirar abajo el patriarcado, porque las canchas y la pasión no tienen sexo ni género, porque el fútbol es nuestro también.

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